¿ES POSIBLE ENTENDER LA SEDUCCIÓN A PARTIR DE LA REPRESENTACIÓN PICTÓRICA DEL CUERPO EN LA SOCIEDAD ACTUAL?
Dentro del área de las artes visuales y a lo largo de la historia del arte hemos visto cómo la figura del cuerpo humano forma parte casi indispensable en el desarrollo de teorías, investigaciones, etc., lo que lleva a pensar en que hay algo en el ser humano que hace que su propia estructura le sea casi un verdadero paradigma en la historia de si mismo y por ello la gran importancia que le da la investigación sobre tal, o quizás se trate meramente de una mentalidad mesiánica propia de la cultura occidental solamente, quien sabe, más para esto sería casi imprescindible referirse a uno de los textos más enigmáticos de Jean Baudrillard, escritor francés a partir de la década del ´60, época en la que ayuda en cátedra en la universidad de Nanterre famosa por revolución del mayo francés. Retomando, el texto a tratar denominado por el autor “De la Seducción”, publicado en 1981, reflexiona sobre la seducción a partir de los procesos propios de la modernización en la sociedad occidental.
Con esto la seducción estaría vista según Baudrillard, como la cara visible de la maldad, sobre todo para instituciones como la iglesia, pues en ella se esconden los más impetuosos deseos del hombre, dando a este mero concepto una corporeidad clara, lo femenino, donde el hombre ve su masculinidad realizada por completo siendo entonces lo femenino una clara representación de lo masculino.
Por lo tanto, el eje principal por que el que ha de moverse el documento sería el ya planteado: La seducción.
Es algo que va más allá del sexo, supera a éste inmensamente, es decir,
“En la seducción, lo femenino no es ni un término marcado ni no marcado. Tampoco recubre una ‘autonomía’ de deseo o de goce, una autonomía de cuerpo, de palabra o de escritura que habría perdido (?), no reivindica su verdad, seduce”.
Más aún lo femenino nunca estaría donde se piensa dando así con el secreto de su fuerza, pues es algo totalmente indefinido, es más, se trataría de algo que se esconde bajo la imagen masculinizada de fragilidad, opresión y sufrimiento viendo su mayor auge en la revolución sexual que la enmarca todavía más en dichos conceptos, es decir, en un relato de la miseria humana más grande como la de la mujer, dicha miseria seria la miseria sexual, donde oculta todo su poder y soberanía cuya fuerza recae en la seducción.
Dejando a un lado entonces a las terminaciones tratadas por el psicoanálisis que todo lo que ve pasa por lo sexual, y el poder de la seducción pasa por algo meramente no sexual, dejando a un lado todo tipo de discriminación, y donde caben propuestas como travestis, las mujeres ante una estructura totalmente ‘falocrática’ como lo denomina Baudrillard, ante un movimiento de contestación como la revolución sexual, nunca ponen a la seducción como su carta de presentación, sino más bien una autonomía, deseo o goce, propios de su género y mayoritariamente contradicente con la gran fuerza que poseen a través de la seducción, sin entender que ella es la base del dominio absoluto hoy en día, pues todo pasa primeramente por la seducción, todo lo que se obtiene con el mejor de los resultados conlleva a ésta de por medio, pues en ella se encuentran depositados los mayores deseos del hombre y la mujer, cabe allí todo aquello que nos es inimaginable de conseguir, dado justamente por la pequeñez de su tamaño y la grandeza de su poder, o sea, vale más ver solo la esquina que el espacio por completo, pues insta a la imaginación y en ella al cumplimiento de los deseos.
“Extraña y feroz complicidad del movimiento feminista con el / orden de la verdad. Pues la seducción es combatida y rechazada como desviación artificial de la verdad de la mujer, esa verdad que en última instancia se encontrará inscrita en su cuerpo y en su deseo. Es eliminar de pronto el inmenso privilegio de lo femenino de no haber accedido nunca a la verdad, al sentido, y de haber quedado amo absoluto de las apariencias. Fuerza inmanente de la seducción de sustraerle todo a su verdad y de hacerla entrar en el juego, en el juego puro de las apariencias, y de desbaratar con ello en un abrir y cerrar de ojos todos los sistemas de sentido y de poder: hacer girar las apariencias sobre ellas mismas, hacer actuar al cuerpo como apariencia, y no como profundidad de deseo…”[1]
Por lo tanto solo la seducción se opondría a la anatomía como el destino final de la revolución sexual, pues aunque estamos en la revolución del cuerpo, esto no implica necesariamente que este sea su fin último, sino el logro de otros objetivos, como la puesta en tapete de lo femenino como lago superior al resto de la humanidad en general, la seducción quiebra la sexualización característica de la sociedad y economías fálicas. Siendo entonces que lo que se encuentra verdaderamente en juego no más que un juego de apariencias y dominio, de realidad contra el poder propio del ser, eso porque según Baudrillard, no se puede poner en tela de juicio términos pares o iguales, como mal con mal, o bien con bien, sino deben ser contrarios para así poder generar expectación en la lucha de uno contra el otro. Ahora bien, debe entenderse entonces que el término mujer, es puramente apariencia, pero es lo femenino como tal, lo que genera el gran fracaso de lo masculino. Entonces lo femenino sería algo así como un principio de incertidumbre a lo que se refiere:
“Si la feminidad es principio de incertidumbre, ésta será mayor allí donde la misma feminidad es incierta: en el juego de la feminidad.
El «travestismo». Ni homosexuales ni transexuales, lo que les gusta a los travestis es el juego de indistinción del sexo. El encanto lo ejercen, también sobre sí mismos, proviene de la vacilación sexual y no, como es costumbre, de la atracción de un sexo hacia otro. No aman verdaderamente ni a los hombres/hombres ni a las mujeres/mujeres, ni a aquellos que se definen, por redundancia, como seres sexuados distintos. Para que haya sexo hace falta que los signos repitan al ser biológico.”[2]
Entonces lo signos aquí se dividen, pues ya no hay sexo, siendo ésta la mayor de las atracciones de los travestis, el juego de indefinición que más interesante aún su gusto/no gusto por el sexo/no sexo, es decir, la seducción, y seducir a sus propios signos, como el teatro, el maquillaje, etc., para ellos el sexo parece ser algo que transforman en un juego de signos, de insinuaciones, de goce, de ritual, más exaltado y más efusivo de lo que nosotros podremos alguna vez comprender. Extendiendo esto también al campo del arte, más específicamente la representación pictórica del cuerpo humano, en la que los artistas parecen estar cada vez más interesados por indagar, sobre todo en mostrar al cuerpo como carne y materia propias, como lo más crudo y absoluto que pueda existir, mostrando en lo posible la mayor parte de órganos vivos y escurrientes de su propio jugo humano, a través de la mancha que se hace partícipe de tal acto de representación y de lo representado.
Así se ve claramente cómo dentro de nuestro cotidiano también existen una serie de factores que nos hablan del cuerpo, de lo orgánico, que muchas veces no percibimos, pero que ahí se encuentran a vista y paciencia de todos, y pidiendo muchas veces a demás de un poco de atención, que seamos capaces de mirar desde lo más pequeño para desde ahí ampliar el espectro y no al revés como suele ocurrir.
[1] Baudrillard Jean: DE LA SEDUCCIÓN, CAP. I La Eclíptica del sexo, pag 15, Editorial CATEDRA, 1981, España.
[2] Baudrillard Jean: DE LA SEDUCCIÓN, CAP. I La Eclíptica del sexo: La eterna Ironía de la Comunidad., pág18, Editorial CÁTEDRA, 1981, España.
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